De cachalote a delfín

3 de febrero de 2012

 

Physeter macrocephalus. Así llaman los zoólogos al cachalote, esa ballena con dientes que a veces encalla en Oyambre. Yo sufrí dicho accidente el pasado julio, en el puerto de Amsterdam, cuando después de cenar regresé a mi hotel de diseño zen y al desvestirme constaté, horrorizado, que mis tocinos desbordaban el espejo. Momento en el que mi mujer me pregunta por teléfono cómo estoy. “En franca expansión”, respondo.

Sano y salvo en Cantabria, interrogué a la báscula y la pérfida escupió unos inverosímiles 99,9 kilos. No puede ser, arriba otra vez. Impertérrita, la malnacida se ratificó en sus 99,9 kilos. Calma, hace falta más precisión estadística. De modo que tuvo otra oportunidad, pero ella, con su estúpida sonrisa digital, no se apeó de 99,8 kilos. No insistas, nene, no vaya a ser que.

Inmediatamente empecé una dieta Dukan, de la que poseía ciertas nociones. No me interesan sus libros ni los debates con sus adversarios, nutricionistas o lo que sean. Algo parecido opino sobre la teología protestante: no sé distinguir un presbiteriano, un metodista y un episcopaliano. El hecho es que con 4 meses exactos de dieta, la zorra-báscula tuvo que rendirse a unos soberbios 77,9 kilos, y ahí sigue un trimestre después, pese a los fieros ataques navideños.

Hay fotos que documentan mi estado cetáceo, allá por julio, pero alguno aún dice: “Pues no estabas tan gordo”. ¿Tan gordo como qué? Los sabios de la OMS te alistan como obeso mórbido si el índice de masa corporal pasa de 35 y yo cargaba un 33, frente al 26 de ahora. Tecnicismos aparte, por favor, no me pregunten cuándo volveré a una dieta “normal” (sea esto lo que fuere). No me han liberado de Auschwitz. Simplemente se me ha licuado el forro polar, sin apenas esfuerzo, y es una pura evidencia que al perder 22 kilos he rejuvenecido 15 años.

Me habían pillado in fraganti, tiempo atrás, con hipertensión arterial, así que me tragaba dos pastillas diarias. Al rebajar los primeros 7 kilos, eliminé una de ellas, el diurético. Resultado: el sueño se me cortará por mala conciencia, no lo niego, pero no por churras inoportunas. Al mermar otros 7 kilos, reduje la otra pastilla a media dosis y, en fin, albergo esperanzas de que la hipertensión no me mate o demore su sentencia.

Otro beneficio, si quieren más frívolo, es la ropa. Renovación completa de vestuario, lo que es fetén para el comercio, pero además ya no es el suplicio sudoroso de antaño, cuando no cabía en el probador para embutirme en prendas donde tampoco cabía. Ahora llevo ropa de la M, que significa “Media”, en vez de “Morsa”. Y no son cosas de prejubilado, sino vaqueros como los de mi hijo, trajes entallados, y cositas metrosexuales, estilo Joaquín Cortés.

Con todo, la mejoría más apreciable estriba en algo tan difícil de definir como la “calidad de vida”. Mi digestión es ligera –ni rastro del reflujo que me visitaba a horas intempestivas- y cualquier ejercicio resulta fácil, incluso la tediosa bicicleta estática. El aire circula entre camisa y piel, bajo la cual se notan huesos, músculos y venas antaño sepultados en panceta. Ha cesado el manantial de transpiración que irrumpía a deshora, y mi corazón bombea con solvente lentitud, lo que quizá retrase la ITV. Ya no percibo, en suma, la vaga sensación de que cada aniversario me caían 3 años de golpe.

El pobre Yul Brinner, presunto actor de expresividad semejante a la tersura de su cráneo rapado, se moría por un cáncer de pulmón y protagonizó una campaña anti-tabaco con el siguiente lema: “Nunca es demasiado pronto para dejarlo, pero acaso sea demasiado tarde”. Lo mismo hay que hacer con el sobrepeso cachalótico: con la Dukan o como se quiera, pero ¡fuera grasas! Hasta aprendes que los cardos son comestibles (y muy ricos, por cierto) y llega a gustarte la cerveza sin alcohol, si la concibes como una sopa fría de cebada.

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2 comentarios en “De cachalote a delfín

    • I would like to thank your encouraging comment. I thought this purely Spanish blog should no induce comments in foreign languages, but fortunately I was wrong.

      Although the entry is old, the facts have no changed. My weight, blood pressure, and health status all remain under HUMAN specifications. The whale shall not come back. Never.

      In case my weight control was loosed again, I will join Hare Krishna movement, or even say “Allah ajbar” two thousend times every day.

      Me gusta

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