No más junios así

LEWIS AVASTIN

7 de julio de 2013

 

En muchos años de trabajo conjunto, Teo Garmendia me demostró ser la enfermera perfecta. Me decía que el cáncer de mama es una enfermedad asquerosa. Yo volvía de América con nuevas formas de tratamiento y le respondía que no siempre. Pero a ella, reclutada para la horrible trinchera donde las enfermas repelen el dolor y la desesperanza, mis teorías le sonaban a musiquilla de romería. ¡Nunca tuviera más razón que en este junio asesino! Un mes canalla que ha pisoteado 3 flores. Mary. Nuria. Natalia.

Cierto es que se cura, por fortuna, muchas veces. Pero otras, sin avenirse a dar explicaciones, el malnacido se comporta con furia enigmática. De momento simula ronronear como un inocente minino, pero en un rapto fulgurante se quita el disfraz y enseña sus fauces de tigre asiático, justo antes de saltar a la yugular. Pacífico, hoy, como una bahía sesteando bajo el crepúsculo; mañana, brutal como una galerna en el abismo metálico de Finisterre. ¿Quién sabe por qué y cuándo adquiere su instinto homicida?

Se dice que existen al menos 3 tipos de cáncer de mama. Pues muy bien. Pero qué argumentas cuando los 3 se despojan de su careta amable y se aprestan por igual a desempeñar el repulsivo oficio de robarnos mujeres imprescindibles. Nuria. Natalia. Mary.

Madres jóvenes. Madres de niños y adolescentes que no entenderán su ausencia, hasta que una cruel madurez les convenza de que mamá les quiso hasta el límite de sus fuerzas. Madres que negociaron con el destino, sometiéndose a durísimos tratamientos, solo por llegar a esa Primera Comunión, por hacer ese viaje inolvidable, por alcanzar la Navidad, solo una más. Solo un mes más, pues los niños vendrán con las notas y el verano acaso traiga otro soplo de vida. Madres derribadas por un junio atroz que dejó a sus hijos incomprensiblemente solos, mirando la silla donde se sentaba mamá y echándola de menos con ese nudo en la garganta que los niños nunca deberían sentir. Natalia. Mary. Nuria.

Mujeres amadas y arropadas por sus familias hasta la extenuación. Mujeres que capitaneaban un ejército de maridos, padres y hermanos, atravesando un campo de minas sin perder la sonrisa ni la cortesía con el personal sanitario (¡gran desafío!). Familiares angustiados, privados de sueño, atentos al menor gesto de dolor o sufrimiento, como pañuelos humanos al servicio de unas mujeres que se mantenían erguidas cuando el mismísimo Dios arrojaba la toalla.

Al oncólogo, los directivo-gestores lo acusan de gastar medicamentos para nada, incluso en connivencia con las farmacéuticas. Benedetti diría: “Pobrecitos, no saben un corno”. Qué saben ellos, en su politiquería mediocre, del agujero negro que ya no concede más tregua, de la frustración de sentirse inerme, del reproche mudo de las familias despojadas de esas mujeres admirables. ¿Qué saben del helado fiscal que te acusa de no estar a la altura, de que no estudiaste, comprendiste o hiciste lo bastante?

Ojalá exista un lugar donde los espíritus se liberen del sacrificio irracional que les impuso la enfermedad. Allí, Mary montará bellísimos caballos irlandeses, con estilo inconfundible. Arroyos traídos del Valle de Arán refrescarán los paseos de Nuria. Natalia aspirará eternamente el aroma inefable de su reciente criatura. Quiero creer que un viento inaudible les susurra: “Tranquilas, vuestros hijos crecen fuertes”. Aunque junio haya dejado la tierra más oscura y yerma.

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2 comentarios en “No más junios así

    • Uno de esos artículos que jamás deberían escribirse… Una de las razones por las que la Medicina, esa dama tan absorbente, se me hace cada vez menos tragadera.

      Lo de estudiar/reestudiar, en un ciclo repetitivo e infernal… pase. Lo de aplicar tratamientos sin saber muy bien por qué, porque lo dice alguien, porque es costumbre, porque… En fin, pase también.

      Sin embargo, el impacto emocional de llevarte a casa los gordísimos problemas de gente que sufre, eso sí que es jodido. “Alguien tiene que hacerlo”, me dice algún colega. Él sabrá, pero resulta agotador, y lo digo en el más prístino y hondo sentido del término.

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