Lo imposible

19 de mayo de 2013

 

En las inmensidades de África, unos drones pequeñajos se escapan del río y te clavan en la chepa una tripanosomiasis, una encefalitis del Nilo o alguna otra desastrosis aguda. En la aburrida Europa, desde que inutilizaron al conde Drácula con una estaca en el suyocardio, los chupasangres más activos son los impuestos.

Todas las tribus medianamente organizadas los estipulan por aquello del bien común. En tiempos se llamaban alcabalas, diezmos, pechos, gabelas o fielatos, y se justificaban por el bien común de las guerras para ensanchar la monarquía. Hoy, al socaire de términos menos poéticos, como IRPF o IVA, el bien común es… No sé. Algo será.

Leído al pie de la letra, cualquier tributo es una pamema. Impuesto “de matriculación”, pero ¿qué leches hizo el Estado para que exista un coche y tú lo compres? Impuesto “de vehículos de tracción mecánica”, como si las bicicletas fuesen de tracción gaseosa. Impuesto sobre “el valor añadido”, ¡chúpate esa!, pues a ver qué le añade el espectador a su entrada de cine. Impuesto “sobre el patrimonio”, o sea repago por poseer lo que ya te achicharraron, pagándolo con dinero sujeto al IRPF y encima aflojando el IVA de marras. Impuestos “especiales” sobre bebidas alcohólicas o gasolina, que no se sabe qué tienen de especiales, salvo el capricho de no se sabe qué merluzo. Impuesto “de bienes inmuebles”, es decir que no se mueven, pero si no se mueven ¿a qué viene el rejonazo anual? Impuesto “de sucesiones”, tan ridículo que puede llegar a la pura expropiación.

Enterémosnos: tienen que exprimir parné como sea, de donde sea, y el concepto fiscal es un pretexto formal. Lo ponen, lo quitan, lo metamorfosean, lo rebautizan, para estrujar la teta que mejor cuadre. Hasta les valen fórmulas bobaliconas como el famoso céntimo sanitario, que ni es céntimo, ni va dirigido a la salud, ni opera igual a ambos lados de la raya imaginaria con Palencia.

Todo se justifica/disfraza en nombre del presupuesto “social y redistributivo”. Cosa de mucha risa cuando la prensa informa de que un ayuntamiento cántabro renuncia a ejecutar una compra de bonsáis ¡presupuestada en ochenta mil euros! Ya sabes lo que has de tocarte, Mardones, pero es que a veces ni siquiera renuncian: se reparten fondos-ERE, enjabonan al Borbongarín, inauguran un aeropuerto sin aviones o recompran un edificio “inteligente” con plazos disimulados de alquiler… El bien común.

Aún no se ha enfriado la columna (Diario Montañés, 15 de abril) donde JC Viloria subrayaba las extrañezas de la política sueca. El primer ministro paga un alquiler por su residencia oficial. Del segundo al último, carecen de chófer y guardaespaldas y almuerzan en la cantina. La visa-móvil del curro, sujetos a una transparencia perruna, no sufragan ni gastos privados ni llamadas a la familia. Pobres suecos, cómo no van a suicidarse tanto. Les aselan con un forrón de impuestos y sus ayuntamientos son más corruptos que Marbella. Nosotros, en cambio, casi no soportamos presión fiscal y gozamos de una cosa solidario-gratuita que te rilas gracias a políticos chachi.

Ciertos insensatos reclaman pagar más impuestos. (Que los paguen los demás, claro está, los que a su atinado juicio son “ricos”.) Oiga, ¿no es mejor saber para qué usarán la pasta? Como eres médico –me dicen los insensatos-, los impuestos van a tu nómina. Pero yo veo otras cosillas. Veo que clausurar el Senado no se puede, ni rebajar la mandanga autonómica, eso tampoco se puede, ni eliminar subvenciones que apestan a demagogia o choriceo, eso también es imposible. Los gaznápiros al mando me sustraen la extra y paralizan la obra pública ¡por primera vez desde Primo de Rivera! Han perpetrado lo que nadie, bajo ningún concepto, hizo jamás. Y siguen rascando, porque lo suyo no pueden tocarlo (es imposible) y entonces, con gran dolor de corazón, en contra de sus más íntimas convicciones, de forma estrictamente temporal, bla-bla-blá, se han visto forzados a engordar la recaudación. Por responsabilidad y bien común. Otra política, afirman con su repulsivo engolamiento, es imposible.

Recién iniciada esta primavera que no lo parece, Pedreña reunió los 42.000 euros necesarios para dotarse de una nueva trainera. Lo consiguieron a toda hostia, por una rifa popular, lo que me lleva a pensar si un modelo fiscal más “finalista” no sería más razonable. Algo me dice que la vía del manos-arriba-paga-y-ya-se-verá-dónde-está-el-fondo no es la más sostenible.

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