Cazando Moby Dicks con arpones roñosos

untitled21 de septiembre de 2013

Al capitán Ahab lo criaron como huérfano en la fe cuáquera. Los cuáqueros (“los que tiemblan”) se sienten iluminados directamente por Dios, sin necesidad de sacramentos, ministros ni liturgias, y propugnan una religiosidad sencilla e igualitaria. Ya adulto (y sobrio y virtuoso y austero y casto, como un sanluis), Ahab se hace a la mar para cazar ballenas. En su primer encuentro con Moby Dick, una rabiosa mole vomitada del mismísimo Infierno, el capitán sufre la amputación de una pierna. Por entonces no había prótesis robóticas, sino bastos tarugos de madera o cosa similar: Ahab camina sobre una mandíbula de cachalote. Obsesionado con la venganza, somete a su tripulación a una tiranía siniestra y la arrastra hacia el abismo.

¿Es Ahab un héroe, que afronta su trágico destino como una misión irrenunciable, solo para valientes extremos? ¿Es un malvado, un egoísta empecinado que sacrifica a sus hombres por cruel insensatez? Sea lo que sea, Ahab nos imanta hacia los agujeros negros de la Humanidad: el bien y el mal, la razón y la locura, la libertad y la tiranía, la pureza y la indignidad… Así que cuando alguien me propone lo que él llama “reto” o “desafío”, siempre me pregunto si no tendrá algo de Ahab y qué anda persiguiendo.

Dicen que la obra del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla -como otras del pelo- no se puede concluir sin que empresas privadas adelanten dinero para ladrillos/equipamientos, a cambio de jugosas concesiones. Calculan, en resumen, que hacen falta 100 millones de euros, ahora, y que desembolsaremos casi 800, en cómodos plazos de unos 40 millones al año, durante 20 años. Joder con la hipoteca. ¿No estará, por casualidad, la firma de Ahab al pie?

Hay quien defiende semejante “cooperación público-privada” por 2 razones: que los nuevos tiempos exigen nuevas formas de gestión; y que un puro ejercicio de realismo demuestra que el sector público ya no puede cargar con empresas tan oneroso/complejas. Vale. (Cierto es que Valdecilla pervive gracias a la pastizara del Marqués y del banquero aficionado al rojo. También es verdad que solo Bárcenas y Messi podrían aflojar, de golpe y mayormente sin despeinarse, más de 50 millones, pero vale, qué se le va a hacer.)

Servidor, en principio, no tiene nada contra lo privado ni abjura de un beneficio razonable: lleno mi carro de Mercadona privadamente, compro coche privadamente, mis hijos estudian privadamente, etc. Como dice el malaje Dom Barzini en “El Padrino”, a fin de cuentas, no somos comunistas…

Pero entonces se me aparece el fantasma renqueante de Ahab y me aterra la posibilidad de que el cojo me esté patroneando hacia su particular monstruosidad oceánica y se me instalan en los sesos unos incómodos pensamientos:

1. En un proceso de innegable transparencia, de las 7 empresas que concurrían al principio, solo quedó una, nadie sabe cómo ni por qué. Nadie lo sabe, o al menos no lo explica comprensiblemente, ni expone cómo repercutirá la mandanga en el currante-contribuyente. Es lo que tiene el despotismo ilustrado, que todo se hace por el pueblo, pero sin el pueblo, y al final sale un pan como unas hostias, aunque el engendro ya caiga sobre la chepa del menos culpable y más incauto. Ojo a esos lomos aguantando una factura astronómica durante 20 años (si por ventura no encallamos en alguna legislatura/arrecife).

2. La empresa del meollo está siendo juzgada ¡en Cantabria!, por chorraducas, tales como inflar los costes de la obra pública o pagar comisiones ilegales, vulgo sobornos. Cosillas banales, que en absoluto empañan su prestigio ni minan la confianza que por su solvencia merece. Cometió, tal vez, pequeños deslices de juventud, pero ahora ya es de fiar y nunca amañará los números. (Voy un rato al cuarto de baño, enseguida vuelvo.)

3. Entre los negociadores de la parte pública destaca el gerente del Hospital, maese César Pascual. Gran dominador de las modernas herramientas de gestión y comunicación, escribió en Facebook el pasado junio, para que lo leyera todo Cristo, incluido el gabinete de prensa del Colegio de Médicos: “Hay todavía quien cree que bajo el disfraz de una bata blanca todo vale y no sabe lo equivocado que está. Años y años de entreguismo a la industria farmacéutica simulando que se trataba de ciencia aventuraban un triste final. Demasiado dinero en juego.”

Es textual y es lo que piensa Ahab de su tripulación y está en su derecho, supongo, como yo de preferir que los mapas, la brújula y el timón estén en otras manos. No hace falta ser tan cuáquero.

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3 comentarios en “Cazando Moby Dicks con arpones roñosos

  1. Y ése tal César Pascual, gerente del hospital (por el pareado, no le cabía otro destino), ¿sabe algo de ensayos clínicos, de la industria farmacéutica o de cómo se progresa, más allá del propio bolsillo? Sólo preciso saber de su adscripción política y currículum previo al empleo actual, para hacerme una composición de lugar…

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