Materialismo histórico y don Artur

imagesR717X5L116 de octubre de 2012

 

Guardo fresca memoria de mi gran profesor Antonio Begines, definiendo ronco y parsimonioso la noción de “Modo de producción”: concepto teórico que expresa la totalidad social y cuyo núcleo caracterizador son las relaciones de producción (1978, juro que es sic).

Según los Marx-adeptos, atravesamos un modo donde el capitalista-empresario expolia al currante, adueñándose injustamente de la riqueza a cambio de un salario mierdoso. A un lado de la barricada o enfrente. Con el ricachón gotoso, o por la revolución, con los pañeros de la famélica legión.

Una simpleza, obviamente, que no distingue entre el Consejo de Barclays y una familia propietaria de una pastelería. Un albañil autónomo, cuando emplea a un aprendiz, ¿deja de ser trabajador y se convierte en un sucio explotador, carne de gulag? Y cuando los empresarios negocian con los “trabajadores”, ¿no comparecen en su nombre los mandamases de otras empresas llamadas sindicatos?

Sucede que los términos “capital”, “clase obrera”, “plusvalía”, etcétera, son abstracciones cada vez más vagas en la inabarcable complejidad del ancho mundo, por no decir espantajos sinsentido.

Pero hay quien se abraza como anaconda a su denominación de origen. Soy catalán, dice, y como catalán exijo independencia para ser más catalán. Catalán/oprimido, yo; español/invasor, usted, en el Modo de Dominación Imperialfranquista. Su disolución culminará en un Estat català donde payés i metges rezarán “Catalunya is Catalonia” cinco veces al día (solo cuatro en Diada), mirando hacia la Moreneta.

Dijo Ortega y Gasset que con el nacionalismo no se razona: el nacionalismo se sobrelleva. En efecto, cabe debatir argumentos (raciocinios), pero los sentimientos sobrevuelan el cerebro y son inmunes a sus reparos. ¡Soy catalán! Pues muy bien. A mí, que soy catalán, me va usted a decir. Pues no le digo. Oiga, insisto, ¿no ve que soy catalán? Ya, ya lo he oído, ¿lo hablamos otro día? Bueno, pero no olvide que soy catalán. No, por Dios, lo tendré presente. Entonces, ¿podré hablar catalán? Sí, hombre, sí. Mire que soy catalán… ¡No me diga!

Persistente como un antojo, le dices a Ortega y Gasset, hasta que dejas de sobrellevarlo y le mandas a tomar por donde amargan los pepinos.

A “ellos”, el indefinido magma de Artur-catalanes, parece de catecismo preguntarles si quieren la independencia, pero jamás a “nosotros” si queremos concederla. Estadísticas diversas indican que el 50% de “ellos” suspira por gozarla, pero se ignora cuántos de “nosotros” la deseamos incluso con más ardor. Yo no me alistaría para una guerra de secesión (además el Ejército me declaró inútil total), pero puesto a desbarrar sugiero un pacífico lapso para la ST (Segregación Total).

En ese período -¿cinco, diez años?- madurarían en paralelo dos proyectos. Uno, censar taxativamente a todos los individuos que deseen “deportarse” al Estat català o “repatriarse” en España (podrán pensarlo y discutirlo con la almohada, la familia, el confesor, el capataz, etc.) Dos, advertir a empresarios, depositarios de fondos, inversores, propietarios de solares y viviendas y pensionistas que vayan refugiando sus cuartos en el nítido lado que prefieran.

Mientras el gentío se aclara, políticos y leguleyos trazarán una VS (Valla Simbólica). Habrá desavenencias, porque deslindar aldeas, acequias y haciendas después de cinco siglos encierra su dificultad, pero si contratamos topógrafos ingleses, con amplia experiencia en dibujar fronteras africanas bien rectilíneas, seguro que proponen una VS adecuada para someterla a RO (Referéndum Orientativo).

Caso de ganar el “sí”, quedaría constituida una TA (Tranca Absoluta) convenientemente demarcada por un foso relleno de caimanes. Parece ser que se adaptan perfectamente a las lágrimas del perpetuo victimismo. Por esas fechas se expedirá un pasaporte específico de CR (Catalán Rampante) cuyo titular solo podrá trabajar y defecar en dependencias de la Generalitat.

La mascletá, allá por el año XII, sería la MCP (Magna Consulta Popular). Se me hacen los dedos huéspedes por ir a votar. ¿Ratifica usted con su voto que los españoles dejen de ser perpetuamente chuleados por una caterva de lloricas? Sí, por favor, sí. ¿Ratifica usted con su voto la independencia dels collons? Que sí, le digo que sí. ¿Seguro? Sin duda de ninguna especie, y si usted me deja, meto en la urna otras seis papeletas del “sí”.

Ya es una cuestión de puro hartazgo. Fuera y hablemos de otra cosa. De algo que no sea don Artur y su melindrosa barrila del Modo de Opresión Hispano-Taurino.

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