Miénteme, dime que siempre me has querido

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Es la desgarradora invocación que Joan Crawford espeta en Johnny Guitar al canalla que la chulea. Trincada por los garfios del amor traicionado, ella suplica una mentira, una mentira sin duda palmaria, pero que le sirva como penitencia o barricada contra el fracaso.

No existe Literatura sin otra forma de mentira, la que tiñe/exalta unas emociones que se diluyen sin remedio. Escribes para fijar el dolor que el tiempo estaba curando, añadiendo quizás una pizca de fantasía donde cuadren los adjetivos más punzantes. Los grandes consiguen derribar la grisura y crear un mundo extraño de fulgurante belleza, como Sánchez Ferlosio con la extraordinaria Alfanhuí, que no estará de moda porque se lleva el “jó, tío, no me rayes”.

Aparte de esa mentira digamos artística –el trampantojo que nos incita a leer una novela o visitar el Thyssen-, está la mentira inocentona del ignorante, el bobo, el descuidado. Nada gana con ella, la profiere nada más por echar la lengua a pacer. Cuando el ministro de Exteriores rechaza una investigación europea sobre el fraude fiscal del fútbol español, diciendo que es “orgulloso patrimonio nacional”, no importa que sea mentira: es peor la evidencia de que cualquiera –o sea cualquier mindundi- vale para ministro.

También se miente por pura ignorancia. Acostumbro empezar mis conferencias con un introito provocativo: una encuesta a mano alzada, una anécdota jugosa, una obra de arte, un recordatorio de la enfermedad que mató a Victor Mature, un actor ligeramente más expresivo que Van Damme. La gracia estriba en subyugar a los pobres diablos que asisten para tragarse el rollo cuando habría actividades más excitantes, a horas indecentemente tempranas, en una sala oscura y con un aire acondicionado diseñado para pingüinos. Coincidió que impartía una en Madrid justo el día de mi cumple e investigué por encima, en un par de blogs sobre efemérides, qué ocurrió el gozoso 8 de febrero de 1963. Me informaron de que tal día murió Juan XXIII y, en una notable conjunción cósmica, nació Jaime de Marichalar. Mentiras cochinas, que entonces di por buenas y no he desmantelado hasta tiempo después, cuando me apliqué con más rigor. ¡Pecadillo venial! Los oyentes no se durmieron y Hacienda trincó para algún cheque-bebé.

Dejo para el final la mentira genuina, la estampita, los fondos estructurados sobre acciones en las Caimán. La trola que el sinvergüenza expele deliberadamente para disfrazar su pensamiento y ocultar sus intenciones. Y no es el farol del póker, donde te das el chonazo si te pillan, sino la mentira flagrante, rampante y sangrante del indecente que sobrevuela la moral, con sus alas de arcángel Gabriel, y miente en su propio beneficio, sin temor al reproche, porque nadie lo refrenará, ni sus conmilitones, ni los jueces, ni los cagalaris de siempre.

Acaba de publicar Mariano Rajoy el artículo 46664, obituario en honor de Mandela. Con algo que cualquiera llamaría cinismo, el firmante enaltece en la figura de Madiba las “convicciones firmes”, el “espíritu de concordia y entendimiento”, el “ganarse el corazón del enemigo” y la “igualdad de oportunidades” (textual, lo juro). Cinismo vale, sin duda, pero habría otros vocablos: hipocresía, rostrodureza, mendacidad o jeta/careta. Y ahí está, diciendo campanudo y juncal que baja los impuestos, que la luz no sube, que las pensiones chipén, que con su espada flamígera decapitará la corrupción… Pero haciendo justo lo contrario, como si a Madiba le hubiera mudado la color y Clint Eastwood estuviera a punto de dedicarle una película titulada Infaustus.

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2 comentarios en “Miénteme, dime que siempre me has querido

  1. Y Don Mariano dirá que no, que nada de cuanto dijo es mentira o hipocresía. Sólo puntos de vista cambiantes, y es que el embustero no es sólo eso cuando las utiliza a sabiendas; es un indivíduo deplorable, hediondo, incapaz de honestidad siquiera alguna vez y condenado a ser carne de comedia cuando el futuro nos limpie -si acaso sucede- de las consecuencias a que nos ha llevado su indignidad.
    Por lo demás, me gustaría discrepar de tus apreciaciones alguna que otra vez, pero me está resultando difícil. Y es que también creo que Sánchez Ferlosio es mucho Sánchez Ferlosio.
    Y bueno: ¡Feliz año que empieza! Seguiré al tanto, en 2014, por si tengo ocasión de contradecirte y así animamos el cotarro.

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  2. En algún texto se dice que vivimos tiempos donde hace falta ser un héroe para ser simplemente decente. Sin embargo, ahora que releo historia de la filosofía griega, me topo exactamente con los mismos asuntos. Una de dos, o la idea de progreso es falsa, o estamos sojuzgados por una secta de chorizos que gozan del poder de reencarnarse. O quizá somos tan lerdos que seguimos (y seguiremos) confiando el poder a quien menos lo merece. Mal rollo.

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