Folletín extraperiodístico (II): Por si ruge la marabunta

imagesGXBR3WDADecíase que por 20 años tuve un jefe al que el primer día (no es hipérbole: el mismísimo primer día de curro), con medio kilo de audacia y una tonelada de imprudencia, lo mandé al guano en algún asuntillo “sensible”. Creerá usted que me lo invento, o acaso que el león era blandengue más que fiero. Hum.

El hombre ostentaba galones de sabihondo irrefutable. De residente, los compis le rehuían porque les restregaba por la jeta su apabullante recitativo del menor epígrafe, preciándose de ser una lumbrera entre bobo-mediocres. Ya de profe, en los seminarios de la Facultad, literalmente hacía llorar (llorar, voto a Bríos, llorar) a hombrones de 6º curso, que huían del aula dando portazos y descargaban la rabia propinando cabezazos a los lavabos. ¿Sangraban? Ya lo creo, pero más bien de orgullorragia.

Yo estudié Medicina para curar a mi abuela. El Top-Manta enchiqueró 6 años a su hijo (mi padre). Top eran las siglas del Tribunal de Orden Público. Mantas, los jueces de aquella “legalidad” donde exhibían su altísimo sentido del deber, la justicia y la decencia. Lo cual que mi abuela devino Mega-Woman y yo tendría que curarla al hacerse vieja. De hecho, ya tenía la vesícula revolucionada y la hacían comer una bazofia insípida de nombre “tapioca” y necesitaba otro galeno mejor, o sea yo.

El menda, aquí donde usted lo lee, tenía una memoria de cojones. Los psicólogos cognitivos (y otras sectas del pelo) la minusvaloran, pero a mí me sirvió para surcar la EGB y el BUP y el COU y la Medicina con la puta gorra. Ya en 3º de carrera empecé a dar el peñazo en el hospital, pues las clases convencionales me bastaban para sacar los chorra-exámenes. Si añades a la memoria una razonable capacidad de observación e imitación (lo que se dice “prácticas”) y encima tienes profesores extraordinarios, repito, extra-ordinarios, acabas siendo un médico muy estimable. Me faltaba que otros sabios me enseñaran una especialidad y le zurré la badana al MIR-test y me fui a buscar en la capi el Santo Grial. “Tienes acento de paleto, nene”. Vale, pero no cerebro de medio-pijo.

Mi jefe se había especializado a lo bonzo, esto es quemándose las pestañas. Venga a ver enfermos, él solo, desde la primerísima visita hasta el duelo, su tema predilecto de conversación, pasando por todas las quimio-putadas y las añagazas de la Parca. Digo solo y solo era -ni vacaciones podía cogerse-, aunque en parte porque ningún adjunto le duraba hasta el turrón. Les largaba con viento fresco porque no sabían las porfirias, ni el signo del bostezo, ni ver un lóbulo de la ázigos, ni calcular la deflexión intrinsecoide, ni explicar la gasometría in extenso e in profundis.

Servidor hacía todo eso (hay que joderse, lo que la sesera puede engullir) y además obtuvo la especialidad por una vía más racional, moderna, sistemática y productiva. De mi jefe admiraba su intensidad clínica y capacidad de trabajo, pero yo no leía a Raymond Chandler ni había regresado de Madriz (con zeta) para dejarme aplatanar. Para más inri, me chivaron que algún precolega se avino a caprichitos como la pepla de trabajar los domingos. Tal vez quiso compensar su “ignorancia” con una disposición “sumisa”. ¡Criatura! Bien clarito se lo dijo la zarza a Moisés, aunque se aturulló y no transcribió el XI Mandamiento: No abdicarás de tu dignidad. Es varilla que te mantiene erguido y coraza contra lanceros bengalíes.

¿Que no se puede aguantar semejante “tensión” durante 20 años, dice usted? No se me impaciente. En breve se verá cuánto subió la marea.

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6 comentarios en “Folletín extraperiodístico (II): Por si ruge la marabunta

  1. Pues que, el derecho a vivir con decencia, se consigue así. Sin lloriqueos ni mariconadas. Lo que viene siendo, plantándole cara. En otra esfera diferente, pero te entiendo Jose.

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    • Hay un personaje, amigo Carlos, que se me hace muy poco tragadero: el que se queja de cualquier minucia, como aquel ridículo Gromyko que la antigua URSS enviaba a la ONU para que le apodaran Mr. Niet, porque se negaba a todo, a lo relevante y a lo accesorio, con igual y desproporcionada energía.

      NI siquiera llegan a intransigentes, pues en realidad no defienden nada, salvo quizá un concepto fanatoide y vagamente libertario que, al poco tiempo, se disuelve como los azucarillos.

      Un servidor cree que hay que defender firmemente los terrenos inviolables, que no son todos, vive Dios. Son los que TE definen, como persona y como profesional; pocos, pero debes marcarlos de raíz y cuanto antes, para que nadie se lleve a engaño, incluido tú mismo al mirarte en el espejo.

      Les asocian términos como “autoestima” y así será, pero yo sospecho que acaban conviertiéndose también en “heteroestima”. Roma no paga traidores.

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  2. Bueno, pues queda lo suficientemente claro, respondón. Y el XI mandamiento me ha terminado por convencer de que, seguramente, trabajar en domingo hubiera sido como apaleado después de… Pura metáfora, por supuesto. Veinte años de convivencia han tenido su mérito; seguramente por ambas partes, ¿no?

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    • Ya veo, mi dilecto amigo, que tendrá que seguir usted el culebrón. Prometo emociones fuertes, entre las cuales no descarte usted inexplicables endulzamientos del alma. No sé si existe, pero es una palabra más corta que espíritu y otras aún más vaporosas.

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  3. Jó típo. No me des tanto hule. Atribuyen a Groucho Marx la frase estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros. Y yo toda la vida me he confundido con el terreno. Me chirriaba muchas cosas de su ser y de su hacer, de hecho descubrí que era mejor situarse en el ángulo ciego de su campo visual, y recién terminado el mir, solo en Santander, no tenía nada más que hacer que mimetizarme con él. A veces (todas) él era como el astronauta que lleva un tonto al lado para poder gritarle todo lo que hace mal durante el vuelo. Hice el tonto bastante bien. Pero claro, me dijo que mi curriculum era una mierda, y publiqué, me dijo que sin tesis nada y la saque en tres meses (no con él, claro), Le vinieron dos “adjuntos-like” sin título OM y se le fueron, pasó por allí un asturianín que le plantó cara el primer día (hola Emilio, adiós Emilio) y le dejó sin dormir la semana que estuvo. Le iba a despedir, cuando el bueno de Emilio se colocó en su casa, y fin del problema.
    Termino. Aprendí mucho. De lo que hay que hacer y de lo que no. De resiliencia y de dignidad. Y ahora arranco la pendiente descendente (soy más viejo que tú, Jose) pero cargado de proyectos, de ideas, de ilusión, y qué cursi (asco), DE FELICIDAD. Otro fuerte abrazo y a esperar más entregas…

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