Porfiones y tribus afines

Martes, 28 de junio de 201620839904-Quills-y-espinas-de-cactus-espinoso-de-una-planta-suculenta-muy-peligroso-Foto-de-archivo

Hace un tiempo tuve el inmenso gozo de presidir (por sorteo) una comunidad de 60 propietarios. La experiencia es irrepetible, tanto que subrayo el adjetivo: irrepetible. La cosa es que se planteó un problema gordo. A diferencia del arquitecto, que no había previsto la instalación de toldos, unos cuantos vecinos decidieron dotarse de ellos, de modo que al edificio le salió un sarpullido con ronchas de dos clases: unas verdes, otras a rayas rojiblancas. Asamblea popular para decidir si el verde es más bonito que el granate. ¡Cielos, la democracia al ataque!

Afortunadamente, cuando a nuestros abuelos y padres les acometió el sentido común, después de descuartizarse y derramarse sus orgullosas sangres, Europa ha entrado en una era pacífica donde no pocas cuestiones son de ese pelo. Toldo verde o toldo rojo. Coros y danzas o encierro. Catenaria o sardina. Problemillas que no dejan de tener su relieve, por supuesto, pero en el fondo son más bien simplones y de tenue calado. Problemillas que cada uno estudia a su aire –si es que le da la gana estudiarlos- y que sirven para confeccionar los engorrosos formularios denominados programas electorales. Ni se cumplen, ni a nadie le importa un comino, pues en fin, tampoco nos vamos a amargar la vida. Dentro de 4 años, que gobiernen otros y vamos tirando.

Pero la realidad es muy perra y, de vez en cuando, nos larga tesituras menos transparentes, donde ya pesan considerablemente los juicios interpretativos y hasta las categorías morales. Esta semana, una profesora de enseñanza secundaria, concretamente de Lengua, acusaba por escrito a un tribunal de Selectividad de corregir mal la prueba de su asignatura. Por escrito afirmaba que la corrección fue mala (mala e injusta y perjudicial), por el argumento de que varios de sus alumnos, que eran de 9-10 en otras materias, habían cosechado calificaciones de 4-5 en Lengua.

Si lleva razón, que a lo mejor sí, no será por un argumento tan endeble. (¿Endeble, digo? Quizá me paso de fino.) La profesora cree –y así lo escribe- que sus colegas y compañeros actuaron mal, sin rigor metodológico, sensibilidad pedagógica ni respeto de la norma académica, casi rayando con la prevaricación. Semejante creencia debe contrapesarse con otras hipótesis y a vuelapluma le ofrezco 3 posibles. Que haya alumnos francamente peores en Lengua que en otras disciplinas. Que en esas otras materias se hayan expedido calificaciones demasiado benévolas o acaso infladas. Que ella sea una profesora deficiente y sus alumnos carezcan de la preparación adecuada.

Naturalmente, no será cierta al 100% ninguna de las 4 explicaciones, pero a su vez ninguna puede erigirse en solución unívoca ni en hecho irrefutable. Eso pasa con los problemas “complejos”: que no es fácil –ni siquiera posible- despacharlos con una faena de aliño.

Lo cual nos lleva a la Gran Bretaña. Sucesivos tsunamis, por desbordamiento de inmensos lagos en períodos glaciales, inundaron lo que era una península y acabaron desgajando aquel peñasco quizá para siempre. Eso le cambia el carácter a cualquiera. Una romanización lenta e incompleta. Lugareños ateridos de frío en los acantilados, ojo avizor porque vienen los normandos. La necesidad imperiosa de hacerse a la mar, para comerle la tostada al imperio español y al marica de Napoleón. Un industrioso vapor para aplacar al industrioso káiser. United Kingdom, 12 points.

Yo no tenía a míster Cameron como un idiota, pero ahora debo revisar tan alegre opinión. El tipo no comprende que un problema complejo no se puede responder en los términos categóricos de un sí o un no. Con una visión neolítica, tirando mucho la sangre, los ancestros, la tribu, la raza y todas esas monsergas, cabe responder “¡sí, que se jodan!” o “¡no, a tomar vientos!” Pero ya se ha constituido un mundo de redes, incluso de redes neuronales, y la visión neolítica es tan absurda como estéril. Si el toldo es rojo o verde, allá cuentos, pero una cuestión multifacética, de integración social, económica, legal, política, financiera, estratégica e ideológica, por favor, no se puede someter a la banalidad espantosa de un referéndum dizque “democrático”.

Veáse cómo escoceses e irlandeses, antaño escisionistas, se transmutan en unionistas. Cómo la gente de menos de 30 años (el futuro, con buena o mala nota en Lengua) vota estrictamente al revés que la peña geriátrica. Cómo los universitarios –y no digamos los involucrados en Erasmus- opinan distinto que el paisano que no ha salido jamás de Devonshire. Cómo en la City londinense predominan unas ideas que en la negrura carbonífera de Gales suenan pijo-peregrinas.

Igual despropósito sería someter a referéndum las especificaciones técnicas del hormigón pretensado o la idoneidad de subvencionar el ganado vacuno con una prima del 1,26 con respecto a la oveja churra. El referéndum, si es que vale para algo, sería para dilucidar la escalofriante disyuntiva de que Santander tenga toros o arenques. Para cuestiones de calado enjundioso, por favor, que a míster Cameron le suspendan la Selectividad. El inglés lo tendrá de 10, pero en comentario de textos juro que no pasa del 2,5.

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6 comentarios en “Porfiones y tribus afines

    • Muchas gracias. Hay quien sufre con la idea de “complejidd”, pero ahí estriba la gracia del ser humano.

      Una máquina, analizando prodigiosas cantidades de información, con algoritmos de nivel IV+, puede elegir, claro está. Pero en el fondo no tiene ni puta idea. La idea consiste en el vector moral, en la dirección “ideológica”, y eso solo pueden decidirlo las personas, muy cooperativa y muy modestamente.

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    • Hay 2 enfermedades muy graves. La ignorancia, que es la madre del atrevimiento, y la soberbia, que te impide reconocer tus límites y sesgos.
      ¿Cómo conjurarlas? Es difícil, pero de entrada eludiendo las cuestiones para las que uno NO está capacitado. Yo no puedo, bajo ningún oncdpto, dirigir una central nuclear.
      En segundo término, asesorándose: buscar la cooperación con otros 4 ojos, que generalmente ven más y mejor que 2.

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    • En la película “Descubriendo a Forrester”, Sean Connery encarna magníficamente a un literato “de culto”, cuya misantropía lo tiene apartado del mundo. A su piso llega un adolescente negro que desea ser escritor y, mal que bien, Forrester acaba enseñándole alguna cosilla. Una, muy trascendente, es que “sea específico”. ¡Ni Forrester habría superado esa “a”, tan de agradecer como enigmática!

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