Gaudeamus cuando sea

Lunes, 13 de octubre de 2017

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Uno de estos días, un gran columnista de El Diario abogaba por resolver el problema de Cataluña con ‘amor y referéndum’. Niet. Me adhiero al legendario pensamiento único de Gromyko, embajador soviético en la ONU. Niet.

De entrada, porque el problema no se tiene con Cataluña (un territorio que no habla, a diferencia del viento, según dicen), sino con algunos catalanes, y no por ser independentistas, sino porque esa fiebre les sube justo cuando detectan una debilidad en el ‘invasor’.

Las empresas catalanas hacían suculento negocio en ultramar, pero en eso caen Filipinas y Cuba -las pierde España, claro- y toca segregarse de los españoles, por necios y tiñosos. Enseguida, apenas aprobado el estatuto de autonomía ¡de la República!, los chavalotes incurren en más traición. Ahora buitrean en la crisis económica, con sus machaconas falacias y el orate que hace de majorette.

¿Amor? Silvio Rodríguez, en su ‘Canción del elegido’, habla de un tipo que va de planeta en planeta, buscando algo adorable, o por lo menos querible. Los separatistas catalanes no son queribles, nunca se han hecho querer y ahora, al ciscarse en toda regla parlamentaria o intelectual, resultan todavía menos queribles.

En términos profesionales, el sacerdote debe amar al feligrés que agreda a su mujer, pero ¿está obligada a quererlo ella? Si chonseñor Setién -no es errata- amaba tanto a los asesinos que en su corazón no cabía nadie más, ¿exigiríamos a las víctimas abrazarse al etarra y mojarle la solapa con lágrimas de cariño derretido? Ningún catalán separatista me ha roto la crisma, afortunadamente, pero de su victimismo engolado, su mendicante supremacismo, estoy literalmente hasta. Ponga el lector hasta dónde.

Ni lo amo ni tengo por qué ‘concederle’ nada. El ejemplar existe (me consta, de hecho, que hay unos cuantos) y tiene derecho a difundir sus ‘ideas’ y a captar prosélitos. Puede mentir y miagar, con 7 esteladas amarradas al pescuezo, todos los años que la vida le depare, pero sin avasallar, que nada le garantiza ni el amor, la generosidad, ni mucho menos la dadivosa concesión de más derechos que los míos.

¿Saben cuándo acaba de joderlo? Cuando dice ‘tú no lo entiendes’, como si uno fuese idiota. ‘No lo entiendes porque no vives aquí’. Como si uno fuese tan idiota como incapaz de ver lo siniestro de Mauthausen sin haber ardido en sus hornos. En fin, que confieso mi hartazgo y mi desprecio, y hasta que vengan tiempos mejores, si es que vienen, me conformo con 2 parapetos: uno, que el pazguato es minoritario (profesa la fe de que mea colonia, pero es minoritario); y dos, que España no es el país de chichinabo que él se figura. Napoleón venía a aplastarnos con el mejor ejército de Europa, pero despertó un gen neandertal y pizarroso que sigue ahí, hirviendo por lo bajini, con otros 200 años de fragua y temple que han levantado una gran economía europea.

Con franqueza, me preocupa más el retorno del islam. Ese islam, por cierto, que acaba de golpear a Cataluña suscitando arrumacos para con los descarriados hijos adoptivos de Ripoll. La única explicación es que al separatismo le vale cualquier mandanga para socavar al ‘enemigo’, incluso un yihadista que farfulle ‘catalián’.

Por julio fui invitado a la ceremonia de graduación de la 41ª Promoción de la Facultad de Medicina. (La mía fue la 10ª: un soplo al corazón de 31 años, que se dice pronto.) Antes de acceder al salón me llegan ecos de una familia que habla de sus cosas. Colijo que la abuela está disgustada con Mencita, que no asiste a la graduación de la prima por encontrarse en Tánger, con su novio marroquí. A la abuela no le cae bien el muchacho y la mamá sale al quite: tiene sus cosas, pero es un musulmán ‘moderado’.

Sus cosas. Sus moderadas cosas. Canta Pat Benatar que ‘pertenecemos al sonido de las palabras’, así que dejo a la abuela rumiando sus cautelas y me siento mascullando mis alarmas, hasta que se revoluciona la sala al entrar los nuevos graduados. Desfilan hacia el escenario en elegantes parejas bajo los adustos acordes del ‘Canon’ de Pachelbel. (No sé por qué, esa obra siempre me pone a pique de echar alguna lagrimilla.)

Pachelbel, organista titular de numerosas iglesias en el Sacro Imperio Germánico, fue popularísimo compositor de corales, fugas, magnificats, cantatas y misas, aunque pronto lo sepultó un olvido de más de 2 siglos. Solo lo ha reverdecido ese Canon que se interpreta en muchas bodas: quizá los novios quieren infundirse la atmósfera cultural de Europa, la que impregna el musgoso románico, el gótico apabullante, el orgulloso barroco. Un clamor doliente en busca de la huidiza perfección.

La ceremonia se me antoja un espectáculo anti-islámico. Discurso bienhumorado de los delegados, pero con la dosis justa de justa crítica. Mujeres no solo muy mayoritarias, sino ataviadas con variados diseños que no se han concebido para sofocar el cuerpo. Por último, el ‘Gaudeamus igitur’, un anónimo estudiantil que viene a decir carpe diem con cierta irreverencia. ¿Se imaginan un coro de muchachas descocadas cantando algo así en una mezquita, como colofón al rezo? No queda vivo ni el peluquero de Puigdemont.

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5 comentarios en “Gaudeamus cuando sea

  1. Me quedo con la frase “gen neandertal y pizarroso que sigue ahí, hirviendo por lo bajini” , convencido de que asi es y de que si nuestros dirigentes no enderezan el entuerto, lo hará el personal.

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    • En mis viajes por ahí fuera, observo que la gente es bastante predecible. Los alemanes, mecánicamente rigurosos. Los franceses, tan bon vivants como tacañuelos. Los italianos, sobre todo los del sur, el caos a pique de ser el caos.

      ¿Y España? Lo que sea y su contrario. Todo cabe. Podemos ser indolentes, pero en eso una chispa y ¡hostias! Podemos ser tirando a zánganos, pero de repente nos sale la vena mecagüendios, y hay que vernos. Podemos ser desorganizados, desordenados hasta lo risible, pero llega un punto en el que todo se coloca y asombramos al mundo por flexibilidad y eficacia.

      Dijo Bismarck, el canciller de la República de Weimar, que los españoles son duros de cojones: ni ellos mismos son capaces de autodestruirse, y bien que lo intentan. Yo no sé si somos duros, cabezones, escépticos, escarmentados, zorrunos, hostiles, solidarios, bestias, rocosos, elásticos, inconstantes, mudables, tesoneros, obedientes, indisciplinados… No sé lo que somos (de hecho, creo que lo somos todo a la vez), pero que somos capaces de grandes gestas ha quedado bien acreditado.

      Si Napoleón no consiguió doblegarnos, ¿lo va a conseguir Pukemón? ¡No jodas! Por lo que me concierne, antes le cedo una reserva indígena y lo atiborro de agua de fuego, o sea peleón manchego, hasta que se le fundan las 2 neuronas -escasas- que le bullen debajo del pelucón.

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  2. Cada una de las partes argumenta con más o menos acierto. Sin embargo y con independencia de las razones (o menos) que puedan esgrimir, la mía para mirar hacia otro lado es que estoy cansado. Harto. No estoy dispuesto a asumir que aparezca el debate en cualquier entresijo, contaminando mi tiempo y permeando con la reiteración cualquier alternativa. Ya no quiero analizar más, entrar en detalles o verme en la tesitura de memorizar agravios. Necesito aire. Y una sonrisa de vez en cuando en lugar de pesadillas.

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    • En lo que me concierne, ya he dado el salto al problema del islamismo asesino. Luctuosos hechos en Mogadiscio (300 muertos en un solo atentado, manda huevos) dejan los devaneos del obeso Junqueras en eso: monsergas idiotas.

      Un mundo hendido por vbect

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      • (sigo)… Un mundo hendido por vectores infames -Trump en América, Israel en Israel, etc- no admite chorradas medievalizantes, como si Cataluña existía en el siglo X o un poco más atrás o quizás en el XIII.

        Más aún, la Humanidad se enfrenta a la competencia feroz de las máquinas: harán cosas extraordinarias, cosas que nos parecían exclusivas de nosotros, pero no; hasta el punto de que tendremos que justificar para qué coño existimos nosotros. Los más listos de la Humanidad -Elon Musk, por ejemplo- andan pensando cómo escapar de este planeta, que algún día nos echará al puto espacio, y yo he visto a Elon Musk dirigir una junta de sus ingenieros, y NO le preocupaban Cataluña ni el inefable Puigdi.

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