Vacuninis

Sábado, 9 de noviembre de 2019

Lo de Pedro Picapiedra comiendo chuletón de brontosaurio es cosa de los dibujos animados. En realidad, cuando el homínido se descolgó del baobab para aventurarse lejos de África, los dinosaurios ya llevaban extintos varios millones de años.

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Prosperaron no poco tiempo, los pobres diablos, pero una serie de desdichas los convirtió en petróleo. Aquello sí que fue un cambiazo climático: ni una legión de veganos lo hubiera frenado. Y es que la Tierra es un planeta jodido, donde a tiro de piedra la misma agua hierve en un géiser o queda petrificada en un iceberg mastodóntico. Hay que ser extremadamente dúctil para adaptarse a todas las latitudes, aguantando la sequía, el meteorito, la noche oscurísima y las invasiones bárbaras. Su profusión de garras y colmillos no libró al mostrosaurio de irse al carajo, porque le faltaba cintura.

El sapiens sí que tiene resiliencia, que diría un ingeniero, pero no en exclusiva. Otros organismos terrícolas, tales como virus y bacterias, le llevan no poca ventaja en lo de sobrevivir a toda costa. En saltando de un cuerpo a otro como bailarinas, de paso te largan un rejonazo que te las ves morenas o te dejan listo de papeles. Alguna defensa tenemos, sí, pero a veces son débiles o perezosas, así que conviene adoptar precauciones.

La primera, no tomar contacto con los gérmenes alegremente. A ellos les gusta la leche calentita -como a nosotros-, así que tiene sus perendengues la moda de regresar a la leche cruda, esto es la que no se somete a tratamiento térmico. Todos los críos con familia ganadera la hemos bebido, incluso sacada del caldero de ordeñar, pero en hablando de salud pública hay que andarse con más cautelas. Salvo si procede de lecheros de confianza, con todas las reservas que sean menester, lo que el intrépido consumidor gane en sabor acaso lo pierda en fiebronas. ¡Que le pregunte a una víctima de la listeria!

Más refinada es la estrategia de adiestrar al cuerpo antes de que el asunto se tuerza. Ahí juega la vacuna: te inoculas hoy el bicho en versión gandul y mañana, si se tercia, tus defensas lo cañonean en modo panzer. Puede que la vacuna te cause unas decimillas, puede que no resulte suficiente, incluso que no funcione, pero es indudable que sin vacunas la Humanidad vería muy mermada su ansia de envejecer.

Ya no se ven niños con polio -aquellas piernecitas atróficas y recosidas por innumerables cirugías-, ya no los cráteres faciales por viruela, ya no hay ciegos vendiendo el cupón por culpa del sarampión, ya es filología aramea recordar que la tosferina se manifiesta por tos coqueluchoide, ya no se sabe qué era el garrotillo. Pues bien, el ‘ya no’ amenaza convertirse en un terrorífico ‘otra vez’ por la pepla irracional del antivacuna.

No se percata, el muy imbécil, de que no existen los pro-vacunas; existimos los antitétanos, los antidifteria, los antigripe y los antimeningitis, que no quisiéramos vacunarnos (como no quisiéramos tomar antibióticos o sajarnos un absceso), pero no habiendo mejor remedio, ¿por qué exponernos insensatamente a la varicela, a las paperas, a la hepatitis, a todas esas jugarretas de la puta naturaleza, exponiendo de paso al prójimo que se cruce inadvertidamente con nuestras miasmas?

Dice el antivacuna que se forran las farmacéuticas, pero no consta que él haya aportado gran cosa a la salud pública. Dice que las vacunas causan autismo, demostrando un profundo autismo gilipollático. El de peor pronóstico es el que lo dice habiendo aprobado ciencias naturales. ¡Va a ser cierto que algunos colegios inflan las notas! En todo caso, que reniegue de vacunarse un adulto supuestamente escolarizado es para darle de collejas, pero el negárselas a sus cachorros atañe al Tutelar de Menores. ¡Encima se queja de que le prohíban escolarizarlos sin vacunar! Claro, chavalote, será mejor tenerlos como bombas biológicas en pleno recreo.

Capítulo aparte merecen lo licenciados en medicina. Permítanme las minúsculas. Tipos dizque ilustrados que propugnan el autismo vacunal, la homeopatía, los chakras psicomorfos contra la esclerosis múltiple o la güija tántrica para el cáncer. Mercachifles indecentes, a lo más, o ignorantes tontipijos, como poco. Lo cual que pensaba continuar este artículo con el asunto escalofriante de los ninis, esa fauna que prolifera en Cantabria como el escajo, tal vez porque antes el burro llevaba los cuévanos, mientras que ahora el coche tuneado lleva al burro. Sin embargo, en vez de proseguir con esos pendejos, le cedo el honor a Isabel Bellostas, presunta pediatra inhabilitada por dar pábulo al movimiento antivacunas. Criatura.

Transportémonos a la brumosa Praga de 1570, cuando Felipe II ha llevado el Imperio a su máxima extensión. El emperador contrae cuartas nupcias con su sobrinita Ana. ¿Se los imaginan, él con 43 años, la bella de 21? Un bodorrio estratosférico: mega Trump y super Melania. Pues bien, de sus 5 hijos, solo sobrevive el futuro Felipe III; muy tiernos las palman los demás, entre ellos Fernando (6 años, disentería) y Diego Félix (7 años, difteria). La propia reina muere a los 31 años, en su último puerperio, de una humilde gripe que le tratan ¡con purgantes y sangrías! ¿Se figuran lo que hubieran pagado esos monarcas, los masters del universo, por las vacunas que la ninipediatra Bellostas desprecia?

5 comentarios en “Vacuninis

    • ¿Cómo definir una secta? Primero, creen CUALQUIER cosa a pies juntillas. Segundo, no lo creen para su coleto, en la idiocia solitaria del tonto irrevocable, sino que conforman una CONGREGACIÓN, con sus hechiceros y sus asesores ‘científicos’. Por último, ejercen un PROSELITISMO que sería risible en cuanto propaganda, pero deviene criminal cuando se lo aplican a niños.
      Ojalá la sociedad comprenda que tiene que poner barreras fuertes para que los imbéciles no jodan el cotarro, que es francamente frágil.

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    • Lo sardónico estriba en que a las lecciones de ciencias naturales, a pesar de ser más y más pildóricas, no parece que ni Dios les haga caso. En cambio, una chorrada en 140 letras con una imagen churretosa concita una legión de bobos. (Bobos, encima, con ínfulas de comunicadores científicos.) Si eso no es fracaso del sistema educativo, el mismo Dios tendrá que jurarlo.

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