Velarde mancillado

Lunes, 4 de abril de 2016 Un perverso suplicio de mi infancia consistió en calzarme unas plantillas que Dios confunda. Llevaba amortajados los pies, presuntamente “planos”, en unas botarracas infames, con unas plantillas duras como el corazón del diablo. Años después, al tallarme para el servicio militar, emergió la cruel paradoja de que mis pies…